domingo, 1 de noviembre de 2009

LA HIJA DEL CARPINTERO

Señor
me encuentro aquí sentada, mirando
la puerta de tu casa.
Esa casa tan bella que los hombres
hicieron para Tí. Aún percibo
el aroma de esa puerta de cedro
que mi padre ha tallado.
"Es cedro del Líbano", me decía sonriendo.
Y yo también sonreía.
( traviesa, me colgaba del pelo
los bucles de viruta que escurría)
Recuerdo la alegría del pueblo que cantando,
te entregaron la casa.
Tus ojitos de vidrio, tan brillantes,
parecía que mirabas.
De regreso a la nuestra me angustiaba
que quedaras tan solo...
...y la puerta cerrada.
Dije a mi madre : qué harán los niñitos
del Africa y la guerra. Ya no podrá ayudarlos.
Sonriendo me responde no es Jesús esa imagen.
Sólo lo representa. El sigue en todas partes
donde lo necesitan y aún donde no llaman.
Miremos estas fotos de la abuela, de tíos
de primos y de amigos. Lo recuerda la imagen.

. . . . .. .. . . . ..

Tanto tiempo ha pasado. Hoy he vuelto
a mi pueblo de infancia. Sentada aquí en la plaza
miro la indiferencia de esa puerta cerrada.
Yo sé que estás adentro, con tus ojos brillantes,
esperando que la abran, con pedidos y lágrimas.
Pero tú estás con ellos, paso a paso en la calle,
en sus casas, en su vida de quehaceres sin pausa.
Muchas veces se olvidan que Tú los acompañas
sin pedirles respuesta. Sólo esperas. Callado.
( El silencio de Dios sólo es Verbo que calla.
Tu presencia intangible interpela en el alma)
Por eso hoy yo te pido, para papá tu auxilio.
Ya cumplió 91 este Julio pasado.
Cada noche yo escucho que conversa contigo
el viejo carpintero que tu puerta ha tallado.
Y es así cada día, ofrendándote todo.
Tú que lo has bendecido con salud y trabajo :
Señor
Que no le falte el sostén de tus manos !!

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