Las paredes grises de piedras pesadas,
el angosto techo de toscas maderas,
alfombra en el suelo de heno perfumado.
Penumbra y silencio. Gemidos de madre.
Vuelve día la noche la luz de una estrella,
los cielos abrieron en par sus compuertas,
hay batir de alas y voces que alaban
al Rey sin corona que vence a la muerte.
Los mansos rumiantes se unen al concierto:
renuncian al hambre donando su heno.
Se asoma la noche detrás del lucero,
vé al Niño y la Madre en plácido sueño.
Tan simple materia que alberga un prodigio !
Jamás se ha vivido hecho semejante,
que en humilde choza de piedra y madera,
en cuna de hierbas, duerme el Rey infante !
viernes, 25 de diciembre de 2009
PRODIGIO
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